Las fiestas familiares: entre la tradición, las expectativas y la propia visión
- MARIANA CROTTI
- 23 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Navidad y Año Nuevo no significan lo mismo para todos. Aunque compartamos una mesa, una fecha y un calendario, cada miembro de la familia llega a las fiestas con una historia emocional distinta.
Para algunos, representan encuentro, celebración y gratitud. Para otros, pueden activar nostalgia, cansancio, duelo, conflictos no resueltos o simplemente la sensación de “tener que cumplir”.
Desde el coaching familiar, las fiestas son una oportunidad valiosa para observar cómo conviven —o chocan— las expectativas, las tradiciones y las visiones personales dentro del sistema familiar.
EXPECTATIVAS INVISIBLES QUE PESAN
Muchas veces las fiestas vienen cargadas de mensajes implícitos:- “Hay que estar”- “Así siempre se hizo”- “No es momento para decir que no”- “La familia es lo primero”
Estas frases, aunque bien intencionadas, pueden generar tensión cuando no contemplan los procesos individuales que cada persona está atravesando.
En años donde hubo pérdidas, crisis económicas, separaciones, enfermedades o cambios profundos, pretender que todo sea “como siempre” puede resultar emocionalmente exigente.
CELEBRAR DESPUÉS DE UN AÑO DIFÍCIL
No todos llegan a diciembre con ganas de festejar. Y eso también está bien.
El desafío no es forzar la alegría, sino habilitar conversaciones más honestas:- ¿Qué necesitamos este año?- ¿Qué podemos sostener y qué no?- ¿Qué forma de encuentro sería más respetuosa para todos?
Acompañar desde el coaching implica validar que celebrar no siempre significa estar bien, sino elegir conscientemente cómo atravesar ese momento.
LAS NUEVAS GENERACIONES Y LA LEALTAD FAMILIAR
Muchos jóvenes hoy se preguntan:
¿Hasta dónde es lealtad y hasta dónde es obligación?
¿Puedo honrar a mi familia sin traicionarme?- ¿Tengo derecho a celebrar a mi manera?
Las nuevas generaciones traen una mirada más consciente sobre los límites, el autocuidado y la coherencia interna. Esto suele generar tensiones con modelos tradicionales donde la continuidad de las costumbres era incuestionable.
El verdadero desafío no es elegir entre tradición o cambio, sino construir puentes:- respetar la historia familiar- sin anular la identidad propia- abrir espacio para nuevas formas de encuentro
TRADICIÓN Y VISIÓN: ¿SE PUEDE INTEGRAR?
Sí, cuando hay diálogo.
Las tradiciones no pierden valor cuando se revisan; pierden sentido cuando se sostienen solo por inercia.
El coaching familiar propone pasar de la obediencia automática a la elección consciente:- ¿Qué tradición quiero sostener?- ¿Cuál necesito transformar?- ¿Qué puedo crear nuevo, sin romper vínculos?
UN CIERRE POSIBLE PARA ESTAS FIESTAS
Tal vez este año la invitación no sea a que todo sea perfecto, sino a que sea más auténtico.
Menos exigencia.
Más escucha.
Menos “deber ser”.
Más presencia real.
Porque las fiestas no se tratan solo de cumplir rituales, sino de cuidar los vínculos —incluido el vínculo con uno mismo—.



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