Criar adolescentes sin aprender nuevas habilidades es irresponsable
- MARIANA CROTTI
- hace 14 horas
- 4 Min. de lectura
Así como nadie discute ir al dentista o a la ginecóloga para cuidar su salud, debería ser igual de natural aprender a conversar con nuestros hijos cuando llegan a la adolescencia. Sin embargo, en crianza seguimos sosteniendo una creencia peligrosa: “con amor alcanza”. No alcanza.
La adolescencia no es solo una etapa biológica. Es un cambio de sistema completo: emocional, cognitivo, vincular y comunicacional. Pretender atravesarla con las mismas herramientas que usábamos cuando nuestros hijos eran niños es como intentar manejar en una autopista moderna con un mapa de papel de los años 80.
El mito de que los padres “ya saben”
Durante generaciones se sostuvo la idea de que sobre "la crianza no se habla". Que cada madre y cada padre “saben intuitivamente” qué hacer. Que cuestionar las formas de educar es una falta de respeto o una amenaza a la autoridad parental.
Este mito tiene consecuencias:
- Padres agotados, frustrados, culpables.
- Adolescentes que se callan, se aíslan o explotan.
- Familias donde todos hablan, pero nadie se siente escuchado.
La realidad es incómoda pero liberadora: ser padre o madre no te hace automáticamente competente para acompañar procesos complejos como la identidad, la vocación, la autonomía o la toma de decisiones.
Adolescencia: cuando el rol de padre tiene que cambiar
Muchos conflictos familiares no existen porque los hijos “estén perdidos”, “no valoren nada” o “no sepan lo que quieren”. Existen porque los adultos siguen ocupando un rol que ya no es funcional.
En la infancia, el rol principal es proteger y decidir. En la adolescencia, ese rol necesita transformarse.
A partir de esta etapa, los padres necesitan aprender a ser coaches:
- Menos control, más preguntas.
- Menos consejos, más escucha.
- Menos decisiones por ellos, más acompañamiento para que decidan.
Ser coach no es ser amigo ni ser permisivo. Es saber generar conversaciones que habiliten reflexión, responsabilidad y autoconocimiento.
Amar no es invadir
Uno de los mayores errores en la crianza adolescente es confundir amor con intervención constante. Muchos padres dicen: > “Opino porque me importa.”
> “Me meto porque quiero evitar que sufra.”
>"Nadie lo conoce mejor que yo"
El problema es que, cuando la intervención es excesiva, el mensaje que recibe el adolescente no es amor, sino desconfianza.
Cuando un joven siente que cada palabra será corregida, evaluada o utilizada para dirigirlo, aprende algo muy rápido: callarse es más seguro que hablar.
El silencio adolescente no es rebeldía. Es una estrategia de supervivencia.
Y no habilitar el espacio para que hablen con confianza lo que esta pasando por su cabeza es extremadamente peligroso.
Co-crear ese espacio es seguridad, estar formar parte. El éxito es que ante un problema tu hijo cambie el:
>mama me va a castigar por:
>esto necesito hablarlo con mamá
Conversaciones que construyen vs. conversaciones que rompen
Las familias no se rompen por falta de valores. Se rompen por conversaciones mal diseñadas.
Algunas conversaciones típicas que dañan el vínculo:
- Interrogatorios disfrazados de interés.
- Consejos no pedidos.
- Comparaciones constantes.
- Opiniones que invalidan emociones.
Aprender nuevas habilidades conversacionales permite:
- Hablar de temas difíciles sin gritos.
- Discutir sin destruir el vínculo.
- Acompañar decisiones sin imponerlas.
- Crear acuerdos en lugar de imponer reglas.
Esto no se improvisa. Se aprende.
Coaching familiar: una herramienta necesaria, no un lujo
Así como nadie espera tener caries para ir al dentista, el coaching familiar no debería aparecer solo cuando todo está roto.
El coaching familiar:
- No es terapia.
- No busca culpables.
- No da recetas universales.
Es un espacio donde se diseñan nuevas formas de hablar, escuchar y vincularse.
Trabajo con familias que se animan a cuestionar lo aprendido, a soltar el control como única estrategia y a construir vínculos más honestos y funcionales.
Propuestas de acompañamiento
Acompaño estos procesos a través de diferentes formatos, según la necesidad de cada familia:
Proceso individual para jóvenes (4 sesiones): para quienes buscan descubrir su vocación, su identidad y su forma de decidir, antes de elegir carrera o camino.
Proceso familiar (8 sesiones): para familias que quieren rediseñar acuerdos, roles y conversaciones, dejando atrás dinámicas que ya no funcionan.
Seminarios presenciales de un día: espacios intensivos con dinámicas para aprender un nuevo lenguaje entre padres e hijos.
Sesiones grupales online semanales: encuentros de debate y reflexión sobre temas reales de la vida familiar.
Retiros en la naturaleza (2 días): experiencias profundas para deconstruir la familia actual y volver a diseñarla de manera más consciente y funcional.
Un cambio de mirada urgente
Criar adolescentes hoy exige más que buena intención. Exige responsabilidad emocional, apertura al aprendizaje y humildad para reconocer que no sabemos todo.
Aprender a conversar con nuestros hijos no debilita la autoridad. La transforma.
Y esa transformación no solo mejora la convivencia: prepara a nuestros hijos para la vida.
Si este texto te incomodó, probablemente esté señalando algo importante.
Las entrevistas están abiertas para familias y jóvenes que estén listos para cambiar la forma en que se hablan.



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