Tu futuro se puede Pensar, construir y elegir
- MARIANA CROTTI
- 5 ene
- 2 Min. de lectura

Pensar el futuro tambien es aprender a mirar con calma.
Hay un momento —a veces silencioso, a veces angustiante— en el que aparece esta sensación:
“no sé qué quiero hacer con mi vida”.
No siempre es un grito. Muchas veces es una presión interna, una mezcla de confusión, cansancio y miedo a equivocarse.
Mientras otros parecen tenerlo claro, vos sentís que estás detenido.
Y cuanto más te preguntan “¿qué vas a estudiar?”, más lejos estás de la respuesta.
EL PROBLEMA NO SOS VOS
No es falta de capacidad.
No es falta de ganas.
No es que no te importe tu futuro.
Es que te están pidiendo que tomes decisiones enormes sin haberte dado antes el espacio para entenderte.
Elegir una carrera, un rumbo o un proyecto de futuro no debería ser un acto de adivinación ni una obligación impuesta por el contexto, la familia o la urgencia económica.
Cuando la decisión se toma desde el miedo, la angustia no desaparece: se posterga.
LIMITACIONES, MIEDOS Y CREENCIAS QUE PESAN
Muchas veces el freno no está en lo que querés, sino en lo que creés posible.
Aparecen pensamientos como:
“eso es un sueño”,
“con eso no se vive”,
“no tengo los recursos”,
“eso no alcanza para pagar el alquiler”.
No son ideas ingenuas ni caprichosas.
Son voces que se forman en un contexto real, económico y social, que pesa.
El problema aparece cuando esas creencias se transforman en límites internos que cierran caminos antes de explorarlos.
En el proceso de coaching no negamos la realidad, pero tampoco dejamos que ella sea el único criterio para decidir.
Trabajamos para distinguir qué es un dato del contexto y qué es una limitación aprendida, para que puedas construir un proyecto posible sin traicionarte.
UN ESPACIO PARA PENSAR TU FUTURO SIN PRESIÓN
Las 4 sesiones de coaching están pensadas como un espacio solo para vos.
No para decirte qué hacer, sino para que puedas ordenar lo que hoy está mezclado.
Durante el proceso trabajamos sobre:
– quién sos hoy
– qué cosas te importan de verdad
– qué miedos están influyendo en tus decisiones
– qué expectativas ajenas estás cargando
– cuáles son tus fortalezas reales
– qué te da sentido, más allá de una salida laboral
EL PROPÓSITO COMO BRÚJULA
Hablar de propósito no es encontrar una frase linda.
Es empezar a responder preguntas profundas:
¿qué tipo de vida quiero construir?
¿qué cosas no quiero repetir?
¿qué me gustaría estar diciendo de mí dentro de algunos años?
Cuando aparece el propósito, la elección deja de ser un salto al vacío y se convierte en un camino posible.
No para siempre. Para ahora.
DEL BLOQUEO A UN PLAN POSIBLE
Al final del proceso no salís con “la respuesta correcta”.
Salís con claridad interna, alivio emocional, una declaración de propósito y un primer plan de acción realista.
Un plan que no nace del miedo, sino de una decisión más consciente.
Si hoy no encontrás tu norte, quizá no necesites que te digan qué hacer,
sino un espacio para pensarlo acompañado.



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